miércoles, 28 de octubre de 2009

borrachera, por Javi


Borrachera

1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 8888888888888801.. A partir de la octava copa, casi todo ser humano suele ir muy borracho, a no ser que seas algún prodigio de la naturaleza y yo no lo era. Por lo tanto, iba muy borracho en esta historia, aunque no más que mi compañero de juergas, que encima de ir borracho llevaba gafas de culo de botella, lo cual hacia más difícil la transición desde el sitio de marcha al lugar de residencia. Me explico: desde un parque del pueblo vecino a unos 15 kilómetros de donde yo vivía, en mi casa, que no era mía si no de mi tío y mi padre.
Para desplazarnos de pueblo en pueblo íbamos en motos de pequeña cilindrada, lo cual tampoco facilitaba nuestro desplazamiento a nuestro redil, ya que la combinación de alcohol y motor nunca fue recomendable para llegar a viejo.
Todo empezó un día cualquiera, en el trastero del gafas de culo de botella, donde nos pasamos como tres horas jugando a la pela, que lógicamente, si asociamos el título del relato con este juego llamado
la pela
, es de deducir que había alcohol, bueno y algo mas añadido, pues eso, porros uno detrás de otro, cerveza, porros, cerveza, porros y venga una y otro. Cuando salimos del trastero era solamente las 21:30 de la noche. Bueno, y a partir de aquí, qué puede pensar un chaval de 19 años. Pues lo más correcto, coger la moto para irnos a unos 15kilómetros y seguir disfrutando del alcohol, porros, música y chicas. Pasadas unas cuantas horas, como las tres o las cuatro de la mañana, decidimos volver a mi casa a dormir la mona, con la mala fortuna que al ir a buscar las llaves de mi casa, por una razón que desconozco, no estaban en donde se suponía que tenían que estar... ¡EN MI PUÑETERO BOLSILLO! Bueno, déjenme que describa la situación: “la moto aparcada, el de las gafas de culo de botella en el suelo, medio dormido y borracho entero; yo, con dos cascos en los brazos, sin llaves, entre las tres de la mañana y las cuatro y con un frío de pelotas. Lo primero que se te ocurre en esta situación es jugarte la vida, ya que estás en una situación límite y como buen superviviente que soy, decido llamar al telefonillo. Créanselo, mi padre esta sordo del oído izquierdo, o sea, si duerme sobre el oído derecho no te abre la puerta ya que no te oye; y que contar de mi tío, el hombre más duro que conozco, ya que se cayó desde cinco metros de altura y sigue vivo, pero eso no significa que sea igual de ágil que una gacela (de hecho no se levantó aquella madrugada). Pero mi cabeza, en los peores momentos, cuando tengo una presión añadida, es cuando discurre mejor y decidí que lo mejor que podía hacer era escalar hasta el primero de la casa de la vecina brasileña. ¿Cómo? se preguntarán. Pues bien, me subí a la papelera que estaba enganchada en la farola, esas que parecen ser tan seguras de sí mismas. Y una vez de pie en la papelera, mi siguiente paso era engancharme a los cables de algo, no sé muy bien, si de teléfono o de luz o de qué puñetas eran. Una vez enganchado con una pierna y un brazo, decidí saltar a una pequeña jardinera de ladrillos y allí, abrir la ventana. Dentro de la casa, mi plan era sencillo, juzguen ustedes: no despertar a nadie, sino abrir la puerta, bajar al portal, meter al gafas de culo de botella dentro para que no se congelara de frío, subir las escaleras y volver a escalar por el hueco de patio de luces, meterme en mi casa por la cocina, abrir la puerta, bajar a por el gafas de culo de botella y dormir, como si no hubiera pasado nada. Y todo esto hubiera sido como os cuento si no me hubiera encontrado la puerta de la casa de la brasileña cerrada con llave. Eso hizo que mi plan se retrasara un poquito, ya que tuve que buscar las llaves, abrir la puerta, bajar a por gafas de culo de botella, meterlo al portal, atrancar la puerta del portal, salir a la calle y tirar las llaves por la ventana. Uf!, casi nada. Pero aquel día no era mi día y las llaves se quedaron en la jardinera. Ahora me pregunto por qué tuve que cerrar la puerta con llave: ¿no podía haber dejado las llaves dentro de la casa y dejar la puerta cerrada sin echar la llave? supongo que en aquel momento tenía su sentido hacer lo que hice. Total, que me tocó subir otra vez, porque si no, al día siguiente, la brasileña no podría abrir su puerta, (no creo que se le ocurriera buscar las llaves perdidas en la jardinera).
Una vez más, ya dentro de la casa, me disponía a salir por la puerta de la casa de mi vecina cuando me di cuenta que en el sillón del salón-cocina americana dormía dulcemente la brasileña de nuestra historia, que, asombrosamente, después de tanto lío no se despertó, y no hice otra más que quedarme mirándola un rato. Ésta se levantó como un resorte y preguntó:¿quién eres?. Con la agilidad mental de un borracho se me ocurrió decir: “soy el hijo de tu vecino y esto es un sueñoooo, sigue durmiendooo“, aunque no sé qué me colapsaba más, si mi mente, el alcohol ingerido o los pechos desnudos de mi vecina. Una vez que la relajé con diferentes explicaciones sobre lo ocurrido, pude seguir con mi plan, meterme por el hueco del patio de luz, colarme a mi cocina, bajar a por el gafas de culo de botella y por fin... Dormir.
Tenía que descansar bien para coger fuerzas, ya que lo que me esperaba al día siguiente era otra aventura, aún más difícil de explicar y de entender, porque el ser humano, bajo los efectos del alcohol y drogas toma una serie de decisiones que marcarán su vida...O por lo menos he de recordar que a mí me marcaron...
“Demío” (Javi).

jueves, 22 de octubre de 2009

MARCUSE, PUNSET, POLÍTICA Y FOCOS CENITALES




MARCUSE, PUNSET, POLÍTICOS Y FOCOS CENITALES








La visita de Punset, Eduardo Punset ha consisitido en una estrategia para componer un cuadro de costumbres político y social. La trampa, un señor con una pinta a lo Punset, es decir una mezcla entre Einstein y el doctor chiflado proveniente de tierras catalanas. Pero ¿por qué se prestó a ser el doble de sí mismo? no lo sabemos, posiblemente por dinero, me han dicho, aunque quizás sea, pienso, por la simpatía que despierta este hombre televisivio, que siempre hace entrevistas en inglés, y siempre con amigos, un plantel de amigos de lo más nutrido del mundo de la ciencia, y siempre viajando, de aquí para allá, y enseñando o aprendiendo, más bien, de sus nietas, cuál es el sentido de la vida. Aunque todo esto parezca ridículo, lo ridículo fue ver la cara que se nos puso a todos, cuando descubrimos que aquel señor no iba a hablar aún y que efectivamente iba a comportarse como un doble, desgraciadamente mudo. Durante todo ese momento era una especie de artista inivitado, al que no le daban ninguna línea en el guión. Todos, más tarde, en una explosión de libido reprimida por tanta agresividad acumulada –el responsable de esto fue Soria y Cajacanarias con su discurso único y funcional, ovacionamos a este showman, el supuesto doble de Punset, con su verborrea casi cómica, inteligente y muy seria, que nos convocó, sin pretensiones y con un lenguaje muy cercano y dialógico a reflexionar sobre el papel de la ciencia, la tecnología en nuestra sociedad: el papel de las emociones y la inteligencia y cómo es posible que seamos tan ignorantes para algunas cosas, y a quién le ha de convenir esa ignorancia. Cuenta Marcuse en su libro El hombre unidimensional, que la ciencia y la tecnología son un progreso limitado, en el sentido en que debe mirarse qué poder fáctico lo está detentado, qué se persigue con el uso de ese progreso, cuál es el abuso de esta aplicación, y cuáles son sus consecuencias morales, históricas, humanas, filosóficas, etc. Lo de unidimensional es producto de la eliminación de la dialéctica que promueve la contradicción, el ejercicio sano de la resistencia, de la negativa a un status quo, programado e impuesto, él diría: predeterminado. Lo relevante en estos tiempos que vivimos es que pocas veces queremos ver las orejas al lobo. Pero este viernes, 9 de octubre de 2009, a las cinco de la tarde (Lorca dixit) yo pude verlas. La convocatoria en el auditorio de nuestra gran cajacanarias, para ver a este Sócrates del siglo XXI, este Voltaire de nuestros días, divulgador de cierto pensamiento estadístico, científico y metodológico, que dirige el programa de televisión Redes, fue una trampa. Nos esperaba el doble de Aznar, don José Manuel Soria, vicepresidente de nuestra comunidad, y consejero económico, dando una charleta sobre las previsiones de nuestra economía en tiempos de crisis, enumerando una serie de medidas que facilitarán que la macroeconomía especulativa (tecnológicamente cruel, voraz y criminal), nos afecte lo menos posible, diciendo que la clave está en no subir los impuestos y en ajustarse el cinturón. Lo que significa reducción en los servicios sociales, pero también inyecciones, o algo así, para incentivar o estimular la inversión, la iniciativa empresarial, qué sé yo, de manera que se excite el consumo. Yo no sé a ustedes pero a mí este lenguaje me parece de lo más sexual que he escuchado en mucho tiempo. Y volvemos a Marcuse, que dice que cuando nuestra vida sexual se focaliza en el lecho burgués, que de acuerdo con Freud, supone la liberación de una libido socialmente permitida y favorecida, va a protagonizar una sexualidad parcial y localizada, equivalente a una compresión de la energía erótica, provocando el crecimiento desenfrenado de formas de agresividad sublimadas y no sublimadas. Es decir que recibimos indefensos e ignorantes, una cantidad de agresividad coercitiva y destructiva, proveniente de una represión sistemática, desde varios frentes (el material y el abstracto), capaces de hipnotizarrnos con un lenguaje orwelliano, y hacernos sentir culpables y resignados por lo mal que va todo. Por eso Soria, atrapado en su discurso enseñó las orejas y algún que otro colmillito, cuando llegó el momento de dar explicaciones serias. Atrapado como estábamos nosotros en aquel auditorio (si salías a descansar, te prohibían la entrada y poder disfrutar de Punset) me acordé del cuento de Cortázar, La autopista del sur, donde el protagonista se quedaba atrapado en un atasco en la autopista, durante muchos días. Dice Cortázar que pudo comprobar que todas las reacciones que tuvieron los personajes fueron el remedo inventado, de lo que le aconteció a él mismo un tiempo más tarde. El cuento se convierte en una especie de laboratorio experimental donde se pone a prueba la cohesión de la sociedad. En los momentos más críticos, se despiertan ciertos valores, como el de la solidaridad, que parecen borrados en nuestra vida-colmena. Creo que el elemento de cohesión en nuestro caso fue la constatación de un engaño, cuando aturdidos pudimos ver al supuesto doble de Punset siendo cómplice de nuestro sufrimiento. Ese hombre adorado al que habíamos ido a escuchar rechazó quedarse las dos horas que mediaron, hasta su intervención, en el escenario, junto al conferenciante, pretextando que le molestaba la luz. En un momento preciso se levantó, mientras Soria conferenciaba, y descendió de las alturas políticas para acercarse al pueblo llano e ignorante. Cuando por fin todo terminó apareció de nuevo Punset, el gran Punset (doble de sí mismo hasta ese momento, por haber aceptado la invitación a un acto propagandístico como éste )y supo, inteligentemente desmarcarse, ahora con el verbo, diciendo, más o menos, lo siguiente: “esta luz proveniente de estos focos cenitales hace que todos ustedes me vean, maravilloasamente bien, pero, por el contrario me impide que yo los vea a ustedes, y eso es, precisamente, lo que yo pienso de los políticos: todos los vemos a ellos, maravillosamente bien, pero ellos son incapaces de vernos a ninguno de nosotros”. Pues eso.

Óscar H.

martes, 20 de octubre de 2009

supuesto práctico algo fallido

¿será el manifiesto humanitario aquél en el que una cajera de un supermercado le facilita 40 céntimos a su cliente, una ecuatoriana con dos hijos, para que pueda terminar felizmente su compra?
¿o será más bien que en este caso la cajera no considera que fuera una cajera sino que se encontraba en un juego cruel con 40 céntimos de más?
será que lo de humanitario no responde sino a un paternalismo y lo de manifiesto a una soledad sistemática

ganas de desaparecer como contaba Vila-Matas

H.ELDERBER

lo que yo llamaba olvido eras tú o casi

es ésta un nueva andadura en el camino de los cinco sentidos y medio, de esta compilación de hechos infecundos y diminutos, ofreceré algún que otro pecado innumerable


JACOB VON GUNTEN
Robert Walter
Traducción de Juan José del Solar
Siruela / Bolsillo. Madrid. 1998
126 páginas

“La masa es el esclavo de nuestro tiempo y el individuo el esclavo de la grandiosa idea de masa. Ya no hay nada bello ni excelente. Lo bello, lo bueno y lo justo has de soñarlo tú mismo. Dime ¿sabes soñar?”

El escritor Robert Walser (1878-1956) narra, en su tercera novela la estancia del protagonista en el instituto Benjamenta. La historia de Jacob Von Guten, quizás no importe demasiado en esta novela. Quizás como comenta Walter Benjamín (oportunamente incluido en la breve reseña de la contracubierta de la edición que manejamos) lo relevante sea la existencia de esta institución. El individuo burgués queda anulado, y las peripecias del joven Jacob quedan ensombrecidas por la filosofía pedagógica y el efecto voluntario de nuestro protagonista. Como dice Jacob a manera de prólogo: “Aquí se aprende muy poco…los muchachos del Instituto Benjamenta, jamás llegaremos a nada…la enseñanza que nos imparten consiste básicamente en inculcarnos paciencia y obediencia, dos cualidades que prometen escaso o ningún éxito. Éxitos interiores eso sí”.
La obra se plantea como un diario, y el personaje evoluciona en su contradicción, a la vez que avanza la historia. El avance no supone sino la total desaparición del mundo social. Al final sólo señor y sirviente. Herr Benjamenta le pide a su joven discípulo, único alumno de una academia arrasada por el tiempo, que lo acompañe en lo que también parece su aventura vital, como si de Sancho Panza se tratara.
Ésta es la crónica de un desajuste, de una liberación, de una impostura. La paradoja del yo que decide someterse para poder ser libre. El individuo burgués representante del progreso industrial, insertado en un eje histórico aparentemente lineal y evolutivo, da paso a la fragmentada reivindicación del individuo reflexivo. No se reclama una individualidad egoísta ni solidaria. Sino aquella que se autoproclama como eslabón interior del mundo. Ese aprendizaje casi religioso de austeridad y sometimiento no conduce al yo alienado sino a su expresión desnuda. Quizás es el yo y su transformación lo que importa. El diario (realmente no es técnicamente un diario), sin que haya pautas cronológicas, se desenvuelve en la mirada interior del personaje principal. De manera que lo que comienza siendo el retrato de un lugar y de unos personajes, se convierte en la experimentación del yo discursivo. Todo lo que es mirado se ve afectado por la mirada, y viceversa. Jacob comenzó retratándose como un niño mimado y terminó en la lucidez del enfant terrible. Y por lo tanto, acepta las condiciones del juego sin traicionarse a sí mismo.
Walser ha creado escuela, y hoy en día existe un escritor en España, que en la reivindicación del autor suizo, parece querer darnos pistas para comprender su estilo. Se trata de Enrique Vila-Matas, al que la academia de la lengua le premia por su novela El doctor Pasavento, al parecer porque lo pillaron en el intento de una narrativa original donde ofrece un lenguaje novedoso. En esta novela se incluye la peripecia vital y novelesca de este Robert Walser, con su búsqueda de la verdad en las cosas más insignificantes y pequeñas, de ahí aquellos microgramas prácticamente ilegibles.
El extraño Von Gunten, descendiente de una familia aristocrática, cree no poseer las cualidades del arribista social y prefiere que le inculquen los valores de obediencia y subordinación donde residen, piensa, los principios auténticos de la vida. Además ha vendido su reloj para poder comprar tabaco: “sin reloj puedo vivir; sin tabaco no”.
El aparente absurdo de estos personajes, con sus irascibles y temperamentales cambios de humor, poniendo cuidado en una obcecación un tanto disparatada, convierte a Walser en un retratista de lo real, donde la imaginación y la voluntad se unen para quebrar la convención narrativa. Quizás por eso fue un escritor admirado por Kafka.

H. ELDERBER







TODO COMO ANTES
Kjell Askildsen
Prólogo de Julián Rodríguez
Traducción de Kristi Baggethun y Asunción Lorenzo
Debolsillo. Barcelona. 2008
253 páginas
“El que no tiene nada por que vivir tampoco tiene nada por que morir”
Está considerado como uno de los grandes escritores de relato corto. Se le ha comparado con Raymond Carver. Creo que una de las posibles claves para comenzar esta reseña, se encuentra en el extraño pero revelador prólogo de J. Rodríguez. A propósito del existencialismo comenta aquel otro prólogo de Gombrowic a su novela Pornografía: “El existencialismo se esfuerza por reinventar el valor, mientras que para mí lo subvalioso, lo insuficiente, lo subdesarrollado, están más cerca del hombre que todos los valores”.
Después de una lectura no demasiado meditada de este libro de cuentos, descubro un paisaje arrasado por las frustraciones. Encuentro un gran enfado. El enfado contra el tiempo y sus promesas. Lo que me parecían aciertos de estilo, con una economía lingüística llamativa, y una demora en pasajes narrativamente insulsos, se convierten además en una extraordinaria pincelada con mayor o menor fortuna de los inconvenientes rutinarios. De la vida como inconveniente rutinario. Desde el viejo que va contando cómo le parece cada vez más difícil salir de su casa, con el temor de que puedan meterlo en algún centro, hasta aquel viudo que tras la pérdida de su mujer parece que lo único que desea es acostarse con su propia hermana. Askildssen tuvo problemas, luego de un reconocimiento, con la censura de su país por cierta indecencia inmoral que al parecer proyectan estas insignificantes grandes historias. Recuerdo también a aquel sospechoso de violación a una menor, que en su paranoia parece convertirse en el propio violador, o aquella pareja que tras mucho tiempo no saben cómo comunicarse. Pero al final este inventario de anécdotas no es más que eso. Lo que le confiere valor literario, es la manera y la elección de modos narrativos y de temas que no tienen al parecer ninguna relevancia, pero que son finalmente los más relevantes. Eso se lo debemos a este escritor sueco, nacido en Mandal en 1929. No sé si merece la pena o no leerlo. Que cada cual haga lo que juzgue oportuno.
H. ELDERBER

VIDAS IMAGINARIAS
Marcel Schwob
Traducción de Jorge González Batlle
Thule Ediciones. Barcelona. 2005
190 páginas.

“La fecunda imaginación del señor Burke se había cansado de los relatos, siempre parecidos entre sí, de la experiencia humana”
Schowb puede incluirse, quizás como pionero del cuentista que cuestiona la vigencia de la biografía. Hacer biografías desde la ficción, es la pauta de escritores tan dispares y tan parecidos, como Borges, Rodolfo Wilcok , Roberto Bolaño, o Rodrigo Fresán. Plantear la ficción como la realidad (más real aún), donde se acentúa el tinte histórico, para que luego en un giro irreverente convertir lo imaginario en una reescritura particular de aquello tan voluble que pensamos que ocurrió.
O quizás Schowb pueda excluirse de este listado estúpido. Quizás no cuestionara nada, quizás su imaginación era un simple testimonio de lo que realmente ocurrió. Quizás sus Vidas imaginarias comenzó siendo un homenaje a ciertas figuras que admiró, como Lucrecio o Empédocles o Eróstrato. Del primero dice que quedó marcado por “la bendición de los espacios tranquilos”. Y que de Epicuro aprendió “la variedad de las cosas de este mundo y la inutilidad de afanarse por las ideas”. Y hace que la lectura de Lucrecio, cace con su propio Lucrecio. Del segundo, sin embargo, remarca la leyenda: “ la tradición cuenta que su abuelo se llamaba Empédocles: nadie lo conoció. Sin duda de ello se desprende que era hijo de sí mismo, tal como corresponde a un dios”. Es un “sin duda” arriesgado y oportuno, es la puerta a la invención del mundo. De Eróstrato finalmente, dice que lo más probable es que su destino se le revelase de golpe. La probabilidad es la excusa para tapar huecos o crear otros nuevos de personajes históricos, o ficticios.
Por este asombroso libro desfilan los contenidos, las anécdotas, las pequeñas cosas imposibles de registrar que conforman una vida. Y como colofón el último cuento que cierra magníficamente el libro: aquellos dos asesinos cuyo móvil es la búsqueda de una historia ajena que los conmueva e intrigue, hasta que se cansan de tanta “experiencia humana” y tan sólo se detienen en la forma. Metáfora perfecta de las Vidas imaginarias.
H.ELDERBER














Una danza para la música del tiempo: Primavera
Anthony Powell
Traducción de Javier Calzada
Anagrama. Barcelona. 2000
606 páginas

Abro el primer volumen de esta sorprendente serie de novelas, y lo que me llama la atención es la foto de su autor. Foto realizada en 1980. Powell contaba con 75 años, y vivió veinte más. Está sentado en una especie de jardín, sobre un peldaño de piedra. Reparo en sus manos, dedos gruesos, que se abandonan a su peso. La izquierda sostiene la derecha. No me parecen los dedos de un escritor. Luego dirijo la mirada hacia sus pies, y me detengo en los calcetines, claros con un dibujo de rombos que se asemejan a una red, o a la vestimenta condensada de un arlequín. Me intriga el contexto en el que ha quedado eterna su imagen. ¿Será de su propiedad ese jardín? El fondo, es una especie de parterre inclinado. Y mientras sigo la dirección inclinada de ese horizonte presumiblemente verde, me topo con su cara. Es sin duda la cara de un bufón.
Yo ya había leído la contracubierta, donde lo comparan con Proust en su ambición, y hablan de su habilidad para el análisis humorístico de la sociedad británica, y dicen las típicas exageraciones, que no suelen acercarse ni de lejos a la realidad. Es decir a mí me atrajo la comparación y el proyecto narrativo. Y no caza con la foto. Eso me intriga aún más. Y embutido en ese estado de ánimo de nerviosismo y expectación con el que te lanzas a un nuevo libro, comienzo la primera novela de las tres de las que se compone el primer volumen que Anagrama ha editado, creo que por primera vez en España. Y me pregunto dónde coño estaba yo en el año 2000 para haber obviado algo así. Y qué ha pasado en esta década para que no haya oído el nombre de Anthony Powell. Sin duda la euforia es un estado propicio para el desencanto, cuando comienzas la lectura de una novela, porque te arriesgas a que en la página cincuenta aún sigas buscando la grandeza que te habían prometido. Pero lo cierto es que una sola página de alguna de estas novelas equivale posiblemente a una novela de David Lodge, por poner el caso de otro escritor, también admirado, también británico, y también cómico.
Entonces tras las primeras páginas descubro que estoy ante algo grande, y me vuelvo a interesar por la foto. No hay mirada más inteligente que la del bufón. La primera novela de esta primera trilogía, que lleva por título genérico el de una estación, se titula Un problema de formación, y cuenta las andanzas de Nicholas Jenkins en su College, la referencia de su tío Giles, el cuadro de compañeros que irán apareciendo en esta crónica de la memoria de nuestro protagonista, Templer, Stringham y Widmerpool. Desfile de personajes, ninguno tratado superficialmente, sino que en su composición se cuelan pedazos de vida y de reflexión, montándose un fresco como hacía tiempo no veía. Con una mirada irónica en las escenas serias, y una sutileza en la descripción de los caracteres, que van cobrando vida, a medida que avanza la acción temporal del recuerdo. Jenkins realiza esa operación mental, donde la narración se ralentiza y da paso al análisis y autorreflexión de lo que suponen ciertos hechos, aspectos que se añaden en el ejercicio de la memoria, en ese rescate o fundación del pasado. Por eso Jenkins ordena, completa, matiza, expone, y también diserta, y da saltos espacio-temporales, y nos avisa, o se avisa a sí mismo, de la relevancia de ciertas experiencias que en el momento de origen no alcanzaron más que la mera anécdota, trasladadas con una precisión que asombra: “No fue hasta el atardecer de ese sábado de diciembre de 1921, creo, cuando por primera vez adquirió coherencia dentro de mi mente el personaje que avanzaba por la desolada carretera con su pesado corpachón”.
El mundo que retrata es burgués, y varias preocupaciones intelectuales, como corrientes subterráneas, se alternan y confluyen: la imagen pública, el snobismo, la ambición social, el ejercicio literario particular y el artístico en general. Pero en esta primera novela el escenario es el de la adolescencia, y su educación intelectual y sentimental. Ambiente estudiantil, donde los personajes que luego despuntarán en la vida social, son tratados de ridículos como Widmerpool. Y también lo contrario, jóvenes promesas, y perfectos líderes, terminarán destronados por los ajustes de la vida adulta
H.ELDERBER





















HAY QUIEN PREFIERE LAS ORTIGAS
JUNICHIRO TANIZAKI
Traducción de María Luisa Borrás
Seix Barral. Barcelona. 1963
205 pág.

El tema central de esta novela es el de las relaciones personales. La principal, interconecta con el resto y es protagonizada por Kaname y Misado. Al comienzo de la historia el lector descubre que están separados, aunque vivan juntos, y que proyectan divorciarse desde hace años. Dicha decisión afecta en mayor o menor medida al resto de personajes que van apareciendo en la novela. La época, década del veinte del siglo pasado en un Japón a caballo entre dos mundos, el tradicional y el occidentalizado, nos presenta una sociedad que relega a la mujer procurándole una indefensión sistemática, y de imposible emancipación Por eso el divorcio coloca a la cónyuge femenina en el peor de los mundos, en el de la reprobación y la ruina. La única solución es contraer otro matrimonio.
El argumento y trasfondo histórico quedan magistralmente ensamblados, gracias al talento narrativo de su autor para labrar, de forma sutil, aunque sin concesiones, la crónica de un desamor. El acierto de los retratos de cada personaje se funda en la complementariedad. Son personajes solos que van ahondando en ese sentimiento, paradójicamente, gracias a las relaciones que mantienen a lo largo de la historia.
Tanizaki nació en Tokio en 1886. Simultaneó estudios universitarios con su actividad literaria, y se vio influenciado por las lecturas de Poe Baudelaire y Wilde. Siente el contraste entre los dos mundos que tan bien refleja en esta novela. Y es junto con Soseki Oé y Kawabata uno de los escritores más relevantes de la literatura japonesa del siglo XX.


H.ELDERBER












Lilac vine, qué maravillosa canción me fatiga los comienzos de esta fuga
Que nadie quiere escuchar, silenciosa fuga que nadie quiere atrapar
En un diario o en un destacamento de filosas condenas apuntando al aire
Jeff Buckley con su muerte accidental y su voz eterna, me escucha ignorándome
H.ELDERBER

lunes, 19 de octubre de 2009

Hiromi Kawakami
El cielo es azul, la tierra blanca
Acantilado. Barcelona. 2009



Tsukiko, la narradora de esta historia de amor, nos adentra a la vez en la crónica de un encuentro y en su propio olvido. Y no sólo lo consigue con el relato de un trasunto de hechos más o menos interesantes, sino que también aporta como rasgo de estilo la calidad del silencio. La elipsis y el uso dosificado de información logran sugerir y convocar al lector, como testigo cómplice, a un mundo propio. Una suerte de gusto agridulce parece envolver la historia. La soledad parece unir a sus protagonistas, pero también los gustos culinarios, las discusiones silenciosas, el aburrimiento cotidiano. Nada convencional, no sólo en su tratamiento sino también en la sutileza narrativa, esta historia es el producto de una aguda observación del comportamiento humano. La relación que se entabla entre la joven de 38 años y su antiguo maestro de más de 60 ofrece, desde el principio, la complejidad de las relaciones personales. Con un estilo sencillo, de oraciones cortas y con un ritmo ágil, Kawakami parece destilar, a través de una acción casi cinematográfica, el contenido de escenarios y situaciones que ofrecen al lector un gran estímulo sensorial. Ayuda una estructura donde los capítulos son como pequeños cuentos, que van desgranando la filosofía de una felicidad inesperada en clave metafórica y con gran contenido poético. Al igual que los haikus de Basho que van acompañando a la sabiduría académica del profesor Matsumoto, la impronta visual, predomina con una garantía que recuerda a Murakami y a Tanizaki. Sin embargo se desliga del primero en su contención imaginativa, en pro de una mayor verosimilitud de lo contado. La anécdota se desarrolla en un marco real y aunque con algo de ensoñación, se centra en la relación psicológica de un encuentro generacional.
La novela fue premio Tanizaki, y llevada al cine con gran éxito. Es la primera obra traducida al español de la escritora japonesa y ya ha salido la segunda edición.
H. ELDELBR







Banda a parte
Jean Luc Godard
1964

Odile, Franz y Arthur se descubren como delincuentes del cine negro hollywoodiense, en una vuelta de tuerca propuesta por la mirada irónica, intelectual y desencantada de Godard. Odile, joven que remite indirectamente a la prostituta de la novela de Quenau, en un principio cae en la trampa de estos supervivientes, tipos duros, simulacros más bien, de los rebeldes habituales del cine negro. Como ya aparecía en Al final de la escapada con un Belmondo, imitando a Bogart en sus gestos, el héroe de Godard se afianza en una perspectiva irreal de su ensimismamiento, como si fuera un punto de fuga que sin embargo lo salvase del sistema. Es decir un outsider, deliberado y atractivo. Si su incursión al cine político, vendrá luego, es cierto que los fundamentos están aquí. El personaje anárquico prefigura al comprometido. A pesar de la ambigüedad que muestra Odile, recordemos cómo espanta a aquel desconocido que intenta acercarse a ella en un baño público, no se revela cruel e indiferente como la pareja de Belmondo, en un final triste y patético. Odile y Franz acaban juntos, huyendo hacia el sur, a pesar de que la huída es buscada, el dinero que roban es dinero robado, no han de temer que los denuncien. Aún así lo que han buscado desde el principio, una excusa para empezar desde cero, lo encuentran con su propia aventura. Las influencias de Godard, su cine y sus películas se revelan en una cierta consciencia colectiva. Se convierte en un icono a imitar, como anécdota nombramos dos casos al azar: Tarantino le pone el nombre de su productora, banda aparte, en homenaje suyo, y el baile de los tres protagonistas también es homenajeado por Crsitina Rosenvinge en un vide suyo. Renovador del montaje, apuesta por la descripción, más o menos acertada, de unos personajes solitarios que se encuentran en su escapada. Los componentes literarios, estéticos e iconográficos, a parte de la propia corriente de su pensamiento cinematográfico, colocan su obra en un lugar de la historia oficial del cine, quizás no la que él nos enseña. Esta joya que recomendamos, es aparte de entretenida, una sorpresa visual de prinicipio a fin.

H. ELDELBR

banda aparte

Nos refugiamos con una rebeldía a lo godard, en intenso ocaso de disciplina caótica y desmesurada. Iremos ofreciendo, los que paricipen en nuestro itinerario, la complicidad de las lecturas posibles de toda la liteartura, música y cine que nos llegue. Una revolución social desde el individuo