es ésta un nueva andadura en el camino de los cinco sentidos y medio, de esta compilación de hechos infecundos y diminutos, ofreceré algún que otro pecado innumerable
JACOB VON GUNTEN
Robert Walter
Traducción de Juan José del Solar
Siruela / Bolsillo. Madrid. 1998
126 páginas
“La masa es el esclavo de nuestro tiempo y el individuo el esclavo de la grandiosa idea de masa. Ya no hay nada bello ni excelente. Lo bello, lo bueno y lo justo has de soñarlo tú mismo. Dime ¿sabes soñar?”
El escritor Robert Walser (1878-1956) narra, en su tercera novela la estancia del protagonista en el instituto Benjamenta. La historia de Jacob Von Guten, quizás no importe demasiado en esta novela. Quizás como comenta Walter Benjamín (oportunamente incluido en la breve reseña de la contracubierta de la edición que manejamos) lo relevante sea la existencia de esta institución. El individuo burgués queda anulado, y las peripecias del joven Jacob quedan ensombrecidas por la filosofía pedagógica y el efecto voluntario de nuestro protagonista. Como dice Jacob a manera de prólogo: “Aquí se aprende muy poco…los muchachos del Instituto Benjamenta, jamás llegaremos a nada…la enseñanza que nos imparten consiste básicamente en inculcarnos paciencia y obediencia, dos cualidades que prometen escaso o ningún éxito. Éxitos interiores eso sí”.
La obra se plantea como un diario, y el personaje evoluciona en su contradicción, a la vez que avanza la historia. El avance no supone sino la total desaparición del mundo social. Al final sólo señor y sirviente. Herr Benjamenta le pide a su joven discípulo, único alumno de una academia arrasada por el tiempo, que lo acompañe en lo que también parece su aventura vital, como si de Sancho Panza se tratara.
Ésta es la crónica de un desajuste, de una liberación, de una impostura. La paradoja del yo que decide someterse para poder ser libre. El individuo burgués representante del progreso industrial, insertado en un eje histórico aparentemente lineal y evolutivo, da paso a la fragmentada reivindicación del individuo reflexivo. No se reclama una individualidad egoísta ni solidaria. Sino aquella que se autoproclama como eslabón interior del mundo. Ese aprendizaje casi religioso de austeridad y sometimiento no conduce al yo alienado sino a su expresión desnuda. Quizás es el yo y su transformación lo que importa. El diario (realmente no es técnicamente un diario), sin que haya pautas cronológicas, se desenvuelve en la mirada interior del personaje principal. De manera que lo que comienza siendo el retrato de un lugar y de unos personajes, se convierte en la experimentación del yo discursivo. Todo lo que es mirado se ve afectado por la mirada, y viceversa. Jacob comenzó retratándose como un niño mimado y terminó en la lucidez del enfant terrible. Y por lo tanto, acepta las condiciones del juego sin traicionarse a sí mismo.
Walser ha creado escuela, y hoy en día existe un escritor en España, que en la reivindicación del autor suizo, parece querer darnos pistas para comprender su estilo. Se trata de Enrique Vila-Matas, al que la academia de la lengua le premia por su novela El doctor Pasavento, al parecer porque lo pillaron en el intento de una narrativa original donde ofrece un lenguaje novedoso. En esta novela se incluye la peripecia vital y novelesca de este Robert Walser, con su búsqueda de la verdad en las cosas más insignificantes y pequeñas, de ahí aquellos microgramas prácticamente ilegibles.
El extraño Von Gunten, descendiente de una familia aristocrática, cree no poseer las cualidades del arribista social y prefiere que le inculquen los valores de obediencia y subordinación donde residen, piensa, los principios auténticos de la vida. Además ha vendido su reloj para poder comprar tabaco: “sin reloj puedo vivir; sin tabaco no”.
El aparente absurdo de estos personajes, con sus irascibles y temperamentales cambios de humor, poniendo cuidado en una obcecación un tanto disparatada, convierte a Walser en un retratista de lo real, donde la imaginación y la voluntad se unen para quebrar la convención narrativa. Quizás por eso fue un escritor admirado por Kafka.
H. ELDERBER
TODO COMO ANTES
Kjell Askildsen
Prólogo de Julián Rodríguez
Traducción de Kristi Baggethun y Asunción Lorenzo
Debolsillo. Barcelona. 2008
253 páginas
“El que no tiene nada por que vivir tampoco tiene nada por que morir”
Está considerado como uno de los grandes escritores de relato corto. Se le ha comparado con Raymond Carver. Creo que una de las posibles claves para comenzar esta reseña, se encuentra en el extraño pero revelador prólogo de J. Rodríguez. A propósito del existencialismo comenta aquel otro prólogo de Gombrowic a su novela Pornografía: “El existencialismo se esfuerza por reinventar el valor, mientras que para mí lo subvalioso, lo insuficiente, lo subdesarrollado, están más cerca del hombre que todos los valores”.
Después de una lectura no demasiado meditada de este libro de cuentos, descubro un paisaje arrasado por las frustraciones. Encuentro un gran enfado. El enfado contra el tiempo y sus promesas. Lo que me parecían aciertos de estilo, con una economía lingüística llamativa, y una demora en pasajes narrativamente insulsos, se convierten además en una extraordinaria pincelada con mayor o menor fortuna de los inconvenientes rutinarios. De la vida como inconveniente rutinario. Desde el viejo que va contando cómo le parece cada vez más difícil salir de su casa, con el temor de que puedan meterlo en algún centro, hasta aquel viudo que tras la pérdida de su mujer parece que lo único que desea es acostarse con su propia hermana. Askildssen tuvo problemas, luego de un reconocimiento, con la censura de su país por cierta indecencia inmoral que al parecer proyectan estas insignificantes grandes historias. Recuerdo también a aquel sospechoso de violación a una menor, que en su paranoia parece convertirse en el propio violador, o aquella pareja que tras mucho tiempo no saben cómo comunicarse. Pero al final este inventario de anécdotas no es más que eso. Lo que le confiere valor literario, es la manera y la elección de modos narrativos y de temas que no tienen al parecer ninguna relevancia, pero que son finalmente los más relevantes. Eso se lo debemos a este escritor sueco, nacido en Mandal en 1929. No sé si merece la pena o no leerlo. Que cada cual haga lo que juzgue oportuno.
H. ELDERBER
VIDAS IMAGINARIAS
Marcel Schwob
Traducción de Jorge González Batlle
Thule Ediciones. Barcelona. 2005
190 páginas.
“La fecunda imaginación del señor Burke se había cansado de los relatos, siempre parecidos entre sí, de la experiencia humana”
Schowb puede incluirse, quizás como pionero del cuentista que cuestiona la vigencia de la biografía. Hacer biografías desde la ficción, es la pauta de escritores tan dispares y tan parecidos, como Borges, Rodolfo Wilcok , Roberto Bolaño, o Rodrigo Fresán. Plantear la ficción como la realidad (más real aún), donde se acentúa el tinte histórico, para que luego en un giro irreverente convertir lo imaginario en una reescritura particular de aquello tan voluble que pensamos que ocurrió.
O quizás Schowb pueda excluirse de este listado estúpido. Quizás no cuestionara nada, quizás su imaginación era un simple testimonio de lo que realmente ocurrió. Quizás sus Vidas imaginarias comenzó siendo un homenaje a ciertas figuras que admiró, como Lucrecio o Empédocles o Eróstrato. Del primero dice que quedó marcado por “la bendición de los espacios tranquilos”. Y que de Epicuro aprendió “la variedad de las cosas de este mundo y la inutilidad de afanarse por las ideas”. Y hace que la lectura de Lucrecio, cace con su propio Lucrecio. Del segundo, sin embargo, remarca la leyenda: “ la tradición cuenta que su abuelo se llamaba Empédocles: nadie lo conoció. Sin duda de ello se desprende que era hijo de sí mismo, tal como corresponde a un dios”. Es un “sin duda” arriesgado y oportuno, es la puerta a la invención del mundo. De Eróstrato finalmente, dice que lo más probable es que su destino se le revelase de golpe. La probabilidad es la excusa para tapar huecos o crear otros nuevos de personajes históricos, o ficticios.
Por este asombroso libro desfilan los contenidos, las anécdotas, las pequeñas cosas imposibles de registrar que conforman una vida. Y como colofón el último cuento que cierra magníficamente el libro: aquellos dos asesinos cuyo móvil es la búsqueda de una historia ajena que los conmueva e intrigue, hasta que se cansan de tanta “experiencia humana” y tan sólo se detienen en la forma. Metáfora perfecta de las Vidas imaginarias.
H.ELDERBER
Una danza para la música del tiempo: Primavera
Anthony Powell
Traducción de Javier Calzada
Anagrama. Barcelona. 2000
606 páginas
Abro el primer volumen de esta sorprendente serie de novelas, y lo que me llama la atención es la foto de su autor. Foto realizada en 1980. Powell contaba con 75 años, y vivió veinte más. Está sentado en una especie de jardín, sobre un peldaño de piedra. Reparo en sus manos, dedos gruesos, que se abandonan a su peso. La izquierda sostiene la derecha. No me parecen los dedos de un escritor. Luego dirijo la mirada hacia sus pies, y me detengo en los calcetines, claros con un dibujo de rombos que se asemejan a una red, o a la vestimenta condensada de un arlequín. Me intriga el contexto en el que ha quedado eterna su imagen. ¿Será de su propiedad ese jardín? El fondo, es una especie de parterre inclinado. Y mientras sigo la dirección inclinada de ese horizonte presumiblemente verde, me topo con su cara. Es sin duda la cara de un bufón.
Yo ya había leído la contracubierta, donde lo comparan con Proust en su ambición, y hablan de su habilidad para el análisis humorístico de la sociedad británica, y dicen las típicas exageraciones, que no suelen acercarse ni de lejos a la realidad. Es decir a mí me atrajo la comparación y el proyecto narrativo. Y no caza con la foto. Eso me intriga aún más. Y embutido en ese estado de ánimo de nerviosismo y expectación con el que te lanzas a un nuevo libro, comienzo la primera novela de las tres de las que se compone el primer volumen que Anagrama ha editado, creo que por primera vez en España. Y me pregunto dónde coño estaba yo en el año 2000 para haber obviado algo así. Y qué ha pasado en esta década para que no haya oído el nombre de Anthony Powell. Sin duda la euforia es un estado propicio para el desencanto, cuando comienzas la lectura de una novela, porque te arriesgas a que en la página cincuenta aún sigas buscando la grandeza que te habían prometido. Pero lo cierto es que una sola página de alguna de estas novelas equivale posiblemente a una novela de David Lodge, por poner el caso de otro escritor, también admirado, también británico, y también cómico.
Entonces tras las primeras páginas descubro que estoy ante algo grande, y me vuelvo a interesar por la foto. No hay mirada más inteligente que la del bufón. La primera novela de esta primera trilogía, que lleva por título genérico el de una estación, se titula Un problema de formación, y cuenta las andanzas de Nicholas Jenkins en su College, la referencia de su tío Giles, el cuadro de compañeros que irán apareciendo en esta crónica de la memoria de nuestro protagonista, Templer, Stringham y Widmerpool. Desfile de personajes, ninguno tratado superficialmente, sino que en su composición se cuelan pedazos de vida y de reflexión, montándose un fresco como hacía tiempo no veía. Con una mirada irónica en las escenas serias, y una sutileza en la descripción de los caracteres, que van cobrando vida, a medida que avanza la acción temporal del recuerdo. Jenkins realiza esa operación mental, donde la narración se ralentiza y da paso al análisis y autorreflexión de lo que suponen ciertos hechos, aspectos que se añaden en el ejercicio de la memoria, en ese rescate o fundación del pasado. Por eso Jenkins ordena, completa, matiza, expone, y también diserta, y da saltos espacio-temporales, y nos avisa, o se avisa a sí mismo, de la relevancia de ciertas experiencias que en el momento de origen no alcanzaron más que la mera anécdota, trasladadas con una precisión que asombra: “No fue hasta el atardecer de ese sábado de diciembre de 1921, creo, cuando por primera vez adquirió coherencia dentro de mi mente el personaje que avanzaba por la desolada carretera con su pesado corpachón”.
El mundo que retrata es burgués, y varias preocupaciones intelectuales, como corrientes subterráneas, se alternan y confluyen: la imagen pública, el snobismo, la ambición social, el ejercicio literario particular y el artístico en general. Pero en esta primera novela el escenario es el de la adolescencia, y su educación intelectual y sentimental. Ambiente estudiantil, donde los personajes que luego despuntarán en la vida social, son tratados de ridículos como Widmerpool. Y también lo contrario, jóvenes promesas, y perfectos líderes, terminarán destronados por los ajustes de la vida adulta
H.ELDERBER
HAY QUIEN PREFIERE LAS ORTIGAS
JUNICHIRO TANIZAKI
Traducción de María Luisa Borrás
Seix Barral. Barcelona. 1963
205 pág.
El tema central de esta novela es el de las relaciones personales. La principal, interconecta con el resto y es protagonizada por Kaname y Misado. Al comienzo de la historia el lector descubre que están separados, aunque vivan juntos, y que proyectan divorciarse desde hace años. Dicha decisión afecta en mayor o menor medida al resto de personajes que van apareciendo en la novela. La época, década del veinte del siglo pasado en un Japón a caballo entre dos mundos, el tradicional y el occidentalizado, nos presenta una sociedad que relega a la mujer procurándole una indefensión sistemática, y de imposible emancipación Por eso el divorcio coloca a la cónyuge femenina en el peor de los mundos, en el de la reprobación y la ruina. La única solución es contraer otro matrimonio.
El argumento y trasfondo histórico quedan magistralmente ensamblados, gracias al talento narrativo de su autor para labrar, de forma sutil, aunque sin concesiones, la crónica de un desamor. El acierto de los retratos de cada personaje se funda en la complementariedad. Son personajes solos que van ahondando en ese sentimiento, paradójicamente, gracias a las relaciones que mantienen a lo largo de la historia.
Tanizaki nació en Tokio en 1886. Simultaneó estudios universitarios con su actividad literaria, y se vio influenciado por las lecturas de Poe Baudelaire y Wilde. Siente el contraste entre los dos mundos que tan bien refleja en esta novela. Y es junto con Soseki Oé y Kawabata uno de los escritores más relevantes de la literatura japonesa del siglo XX.
H.ELDERBER
Lilac vine, qué maravillosa canción me fatiga los comienzos de esta fuga
Que nadie quiere escuchar, silenciosa fuga que nadie quiere atrapar
En un diario o en un destacamento de filosas condenas apuntando al aire
Jeff Buckley con su muerte accidental y su voz eterna, me escucha ignorándome
H.ELDERBER
JACOB VON GUNTEN
Robert Walter
Traducción de Juan José del Solar
Siruela / Bolsillo. Madrid. 1998
126 páginas
“La masa es el esclavo de nuestro tiempo y el individuo el esclavo de la grandiosa idea de masa. Ya no hay nada bello ni excelente. Lo bello, lo bueno y lo justo has de soñarlo tú mismo. Dime ¿sabes soñar?”
El escritor Robert Walser (1878-1956) narra, en su tercera novela la estancia del protagonista en el instituto Benjamenta. La historia de Jacob Von Guten, quizás no importe demasiado en esta novela. Quizás como comenta Walter Benjamín (oportunamente incluido en la breve reseña de la contracubierta de la edición que manejamos) lo relevante sea la existencia de esta institución. El individuo burgués queda anulado, y las peripecias del joven Jacob quedan ensombrecidas por la filosofía pedagógica y el efecto voluntario de nuestro protagonista. Como dice Jacob a manera de prólogo: “Aquí se aprende muy poco…los muchachos del Instituto Benjamenta, jamás llegaremos a nada…la enseñanza que nos imparten consiste básicamente en inculcarnos paciencia y obediencia, dos cualidades que prometen escaso o ningún éxito. Éxitos interiores eso sí”.
La obra se plantea como un diario, y el personaje evoluciona en su contradicción, a la vez que avanza la historia. El avance no supone sino la total desaparición del mundo social. Al final sólo señor y sirviente. Herr Benjamenta le pide a su joven discípulo, único alumno de una academia arrasada por el tiempo, que lo acompañe en lo que también parece su aventura vital, como si de Sancho Panza se tratara.
Ésta es la crónica de un desajuste, de una liberación, de una impostura. La paradoja del yo que decide someterse para poder ser libre. El individuo burgués representante del progreso industrial, insertado en un eje histórico aparentemente lineal y evolutivo, da paso a la fragmentada reivindicación del individuo reflexivo. No se reclama una individualidad egoísta ni solidaria. Sino aquella que se autoproclama como eslabón interior del mundo. Ese aprendizaje casi religioso de austeridad y sometimiento no conduce al yo alienado sino a su expresión desnuda. Quizás es el yo y su transformación lo que importa. El diario (realmente no es técnicamente un diario), sin que haya pautas cronológicas, se desenvuelve en la mirada interior del personaje principal. De manera que lo que comienza siendo el retrato de un lugar y de unos personajes, se convierte en la experimentación del yo discursivo. Todo lo que es mirado se ve afectado por la mirada, y viceversa. Jacob comenzó retratándose como un niño mimado y terminó en la lucidez del enfant terrible. Y por lo tanto, acepta las condiciones del juego sin traicionarse a sí mismo.
Walser ha creado escuela, y hoy en día existe un escritor en España, que en la reivindicación del autor suizo, parece querer darnos pistas para comprender su estilo. Se trata de Enrique Vila-Matas, al que la academia de la lengua le premia por su novela El doctor Pasavento, al parecer porque lo pillaron en el intento de una narrativa original donde ofrece un lenguaje novedoso. En esta novela se incluye la peripecia vital y novelesca de este Robert Walser, con su búsqueda de la verdad en las cosas más insignificantes y pequeñas, de ahí aquellos microgramas prácticamente ilegibles.
El extraño Von Gunten, descendiente de una familia aristocrática, cree no poseer las cualidades del arribista social y prefiere que le inculquen los valores de obediencia y subordinación donde residen, piensa, los principios auténticos de la vida. Además ha vendido su reloj para poder comprar tabaco: “sin reloj puedo vivir; sin tabaco no”.
El aparente absurdo de estos personajes, con sus irascibles y temperamentales cambios de humor, poniendo cuidado en una obcecación un tanto disparatada, convierte a Walser en un retratista de lo real, donde la imaginación y la voluntad se unen para quebrar la convención narrativa. Quizás por eso fue un escritor admirado por Kafka.
H. ELDERBER
TODO COMO ANTES
Kjell Askildsen
Prólogo de Julián Rodríguez
Traducción de Kristi Baggethun y Asunción Lorenzo
Debolsillo. Barcelona. 2008
253 páginas
“El que no tiene nada por que vivir tampoco tiene nada por que morir”
Está considerado como uno de los grandes escritores de relato corto. Se le ha comparado con Raymond Carver. Creo que una de las posibles claves para comenzar esta reseña, se encuentra en el extraño pero revelador prólogo de J. Rodríguez. A propósito del existencialismo comenta aquel otro prólogo de Gombrowic a su novela Pornografía: “El existencialismo se esfuerza por reinventar el valor, mientras que para mí lo subvalioso, lo insuficiente, lo subdesarrollado, están más cerca del hombre que todos los valores”.
Después de una lectura no demasiado meditada de este libro de cuentos, descubro un paisaje arrasado por las frustraciones. Encuentro un gran enfado. El enfado contra el tiempo y sus promesas. Lo que me parecían aciertos de estilo, con una economía lingüística llamativa, y una demora en pasajes narrativamente insulsos, se convierten además en una extraordinaria pincelada con mayor o menor fortuna de los inconvenientes rutinarios. De la vida como inconveniente rutinario. Desde el viejo que va contando cómo le parece cada vez más difícil salir de su casa, con el temor de que puedan meterlo en algún centro, hasta aquel viudo que tras la pérdida de su mujer parece que lo único que desea es acostarse con su propia hermana. Askildssen tuvo problemas, luego de un reconocimiento, con la censura de su país por cierta indecencia inmoral que al parecer proyectan estas insignificantes grandes historias. Recuerdo también a aquel sospechoso de violación a una menor, que en su paranoia parece convertirse en el propio violador, o aquella pareja que tras mucho tiempo no saben cómo comunicarse. Pero al final este inventario de anécdotas no es más que eso. Lo que le confiere valor literario, es la manera y la elección de modos narrativos y de temas que no tienen al parecer ninguna relevancia, pero que son finalmente los más relevantes. Eso se lo debemos a este escritor sueco, nacido en Mandal en 1929. No sé si merece la pena o no leerlo. Que cada cual haga lo que juzgue oportuno.
H. ELDERBER
VIDAS IMAGINARIAS
Marcel Schwob
Traducción de Jorge González Batlle
Thule Ediciones. Barcelona. 2005
190 páginas.
“La fecunda imaginación del señor Burke se había cansado de los relatos, siempre parecidos entre sí, de la experiencia humana”
Schowb puede incluirse, quizás como pionero del cuentista que cuestiona la vigencia de la biografía. Hacer biografías desde la ficción, es la pauta de escritores tan dispares y tan parecidos, como Borges, Rodolfo Wilcok , Roberto Bolaño, o Rodrigo Fresán. Plantear la ficción como la realidad (más real aún), donde se acentúa el tinte histórico, para que luego en un giro irreverente convertir lo imaginario en una reescritura particular de aquello tan voluble que pensamos que ocurrió.
O quizás Schowb pueda excluirse de este listado estúpido. Quizás no cuestionara nada, quizás su imaginación era un simple testimonio de lo que realmente ocurrió. Quizás sus Vidas imaginarias comenzó siendo un homenaje a ciertas figuras que admiró, como Lucrecio o Empédocles o Eróstrato. Del primero dice que quedó marcado por “la bendición de los espacios tranquilos”. Y que de Epicuro aprendió “la variedad de las cosas de este mundo y la inutilidad de afanarse por las ideas”. Y hace que la lectura de Lucrecio, cace con su propio Lucrecio. Del segundo, sin embargo, remarca la leyenda: “ la tradición cuenta que su abuelo se llamaba Empédocles: nadie lo conoció. Sin duda de ello se desprende que era hijo de sí mismo, tal como corresponde a un dios”. Es un “sin duda” arriesgado y oportuno, es la puerta a la invención del mundo. De Eróstrato finalmente, dice que lo más probable es que su destino se le revelase de golpe. La probabilidad es la excusa para tapar huecos o crear otros nuevos de personajes históricos, o ficticios.
Por este asombroso libro desfilan los contenidos, las anécdotas, las pequeñas cosas imposibles de registrar que conforman una vida. Y como colofón el último cuento que cierra magníficamente el libro: aquellos dos asesinos cuyo móvil es la búsqueda de una historia ajena que los conmueva e intrigue, hasta que se cansan de tanta “experiencia humana” y tan sólo se detienen en la forma. Metáfora perfecta de las Vidas imaginarias.
H.ELDERBER
Una danza para la música del tiempo: Primavera
Anthony Powell
Traducción de Javier Calzada
Anagrama. Barcelona. 2000
606 páginas
Abro el primer volumen de esta sorprendente serie de novelas, y lo que me llama la atención es la foto de su autor. Foto realizada en 1980. Powell contaba con 75 años, y vivió veinte más. Está sentado en una especie de jardín, sobre un peldaño de piedra. Reparo en sus manos, dedos gruesos, que se abandonan a su peso. La izquierda sostiene la derecha. No me parecen los dedos de un escritor. Luego dirijo la mirada hacia sus pies, y me detengo en los calcetines, claros con un dibujo de rombos que se asemejan a una red, o a la vestimenta condensada de un arlequín. Me intriga el contexto en el que ha quedado eterna su imagen. ¿Será de su propiedad ese jardín? El fondo, es una especie de parterre inclinado. Y mientras sigo la dirección inclinada de ese horizonte presumiblemente verde, me topo con su cara. Es sin duda la cara de un bufón.
Yo ya había leído la contracubierta, donde lo comparan con Proust en su ambición, y hablan de su habilidad para el análisis humorístico de la sociedad británica, y dicen las típicas exageraciones, que no suelen acercarse ni de lejos a la realidad. Es decir a mí me atrajo la comparación y el proyecto narrativo. Y no caza con la foto. Eso me intriga aún más. Y embutido en ese estado de ánimo de nerviosismo y expectación con el que te lanzas a un nuevo libro, comienzo la primera novela de las tres de las que se compone el primer volumen que Anagrama ha editado, creo que por primera vez en España. Y me pregunto dónde coño estaba yo en el año 2000 para haber obviado algo así. Y qué ha pasado en esta década para que no haya oído el nombre de Anthony Powell. Sin duda la euforia es un estado propicio para el desencanto, cuando comienzas la lectura de una novela, porque te arriesgas a que en la página cincuenta aún sigas buscando la grandeza que te habían prometido. Pero lo cierto es que una sola página de alguna de estas novelas equivale posiblemente a una novela de David Lodge, por poner el caso de otro escritor, también admirado, también británico, y también cómico.
Entonces tras las primeras páginas descubro que estoy ante algo grande, y me vuelvo a interesar por la foto. No hay mirada más inteligente que la del bufón. La primera novela de esta primera trilogía, que lleva por título genérico el de una estación, se titula Un problema de formación, y cuenta las andanzas de Nicholas Jenkins en su College, la referencia de su tío Giles, el cuadro de compañeros que irán apareciendo en esta crónica de la memoria de nuestro protagonista, Templer, Stringham y Widmerpool. Desfile de personajes, ninguno tratado superficialmente, sino que en su composición se cuelan pedazos de vida y de reflexión, montándose un fresco como hacía tiempo no veía. Con una mirada irónica en las escenas serias, y una sutileza en la descripción de los caracteres, que van cobrando vida, a medida que avanza la acción temporal del recuerdo. Jenkins realiza esa operación mental, donde la narración se ralentiza y da paso al análisis y autorreflexión de lo que suponen ciertos hechos, aspectos que se añaden en el ejercicio de la memoria, en ese rescate o fundación del pasado. Por eso Jenkins ordena, completa, matiza, expone, y también diserta, y da saltos espacio-temporales, y nos avisa, o se avisa a sí mismo, de la relevancia de ciertas experiencias que en el momento de origen no alcanzaron más que la mera anécdota, trasladadas con una precisión que asombra: “No fue hasta el atardecer de ese sábado de diciembre de 1921, creo, cuando por primera vez adquirió coherencia dentro de mi mente el personaje que avanzaba por la desolada carretera con su pesado corpachón”.
El mundo que retrata es burgués, y varias preocupaciones intelectuales, como corrientes subterráneas, se alternan y confluyen: la imagen pública, el snobismo, la ambición social, el ejercicio literario particular y el artístico en general. Pero en esta primera novela el escenario es el de la adolescencia, y su educación intelectual y sentimental. Ambiente estudiantil, donde los personajes que luego despuntarán en la vida social, son tratados de ridículos como Widmerpool. Y también lo contrario, jóvenes promesas, y perfectos líderes, terminarán destronados por los ajustes de la vida adulta
H.ELDERBER
HAY QUIEN PREFIERE LAS ORTIGAS
JUNICHIRO TANIZAKI
Traducción de María Luisa Borrás
Seix Barral. Barcelona. 1963
205 pág.
El tema central de esta novela es el de las relaciones personales. La principal, interconecta con el resto y es protagonizada por Kaname y Misado. Al comienzo de la historia el lector descubre que están separados, aunque vivan juntos, y que proyectan divorciarse desde hace años. Dicha decisión afecta en mayor o menor medida al resto de personajes que van apareciendo en la novela. La época, década del veinte del siglo pasado en un Japón a caballo entre dos mundos, el tradicional y el occidentalizado, nos presenta una sociedad que relega a la mujer procurándole una indefensión sistemática, y de imposible emancipación Por eso el divorcio coloca a la cónyuge femenina en el peor de los mundos, en el de la reprobación y la ruina. La única solución es contraer otro matrimonio.
El argumento y trasfondo histórico quedan magistralmente ensamblados, gracias al talento narrativo de su autor para labrar, de forma sutil, aunque sin concesiones, la crónica de un desamor. El acierto de los retratos de cada personaje se funda en la complementariedad. Son personajes solos que van ahondando en ese sentimiento, paradójicamente, gracias a las relaciones que mantienen a lo largo de la historia.
Tanizaki nació en Tokio en 1886. Simultaneó estudios universitarios con su actividad literaria, y se vio influenciado por las lecturas de Poe Baudelaire y Wilde. Siente el contraste entre los dos mundos que tan bien refleja en esta novela. Y es junto con Soseki Oé y Kawabata uno de los escritores más relevantes de la literatura japonesa del siglo XX.
H.ELDERBER
Lilac vine, qué maravillosa canción me fatiga los comienzos de esta fuga
Que nadie quiere escuchar, silenciosa fuga que nadie quiere atrapar
En un diario o en un destacamento de filosas condenas apuntando al aire
Jeff Buckley con su muerte accidental y su voz eterna, me escucha ignorándome
H.ELDERBER
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